Adolfo P. Salgueiro: Pompeo nos regañó

ADOLFO SALGUEIROADOLFO SALGUEIRO

Esta semana el prestigioso periódico The Washington Post develó una grabación –no desmentida– según la cual el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, comentó en una importante  reunión –que debía ser off-the-record– que estaba crecientemente frustrado por la inhabilidad de su gobierno, que no ha podido conseguir interactuar con la oposición venezolana en plan de unidad. Afirmaba el alto funcionario que no se sorprendería que a la hora de la sustitución definitiva de Maduro se presentaran cuarenta personajes reclamando su aspiración a conducir el proceso de recuperación de nuestro país. Lo dijo Pompeo –que no es cualquier cosa– y la información ha circulado en todos los sectores, habiendo sido publicada también por este mismo periódico en su edición del pasado jueves 6 de junio.

Para quien esto escribe tal noticia no sorprende. La naturaleza humana –y más su versión política– es así y habiendo participado en bastantes gestiones internacionales de esa clase, hemos podido comprobar que por encima de las proclamaciones formuladas en público, ha sido una constante la interferencia y hasta la zancadilla perpetrada por quienes decían tener como único norte la unidad en pro de la recuperación de la patria. Antes de la gesta del 23 de Enero de 1958 no fue así.

Recordamos aún con desagrado una experiencia personal en la cual, en nombre y por encargo convenido de la unidad, solicitamos y obtuvimos entrevista con un presidente latinoamericano a fin de explicarle la situación del país y requerir su apoyo. El hecho es que un par de días antes de nuestro viaje el embajador de ese país en Caracas nos informó que un dirigente partidista, en solitario, también había pedido una entrevista con el mismo objetivo, por lo cual el mandatario extranjero había tomado la prudente decisión de no recibir a ninguno. Igual experiencia hemos vivido en otras instancias ante gobiernos y entidades internacionales cuando se nos ha reclamado –no sin razón– por la multiplicidad e inconsistencia de la vocería opositora.

En este momento del proceso de cese de la usurpación, cuando es lamentable pero evidente que se atraviesa una etapa de nubarrones, quienes sin intereses subalternos mantenemos la confianza inalterable en la capacidad, habilidad y diáfana intención de Juan Guaidó, exhortamos al mantenimiento de una sola y coherente línea de acción internacional. Naturalmente, esa aspiración no limita en forma alguna la diversidad de opiniones en el seno de quienes adversamos al régimen, pero sí sería bueno que quienes tienen aspiraciones y agendas personales, muchas de ellas legítimas, esperaran el momento oportuno para hacerlas valer. Hoy día, cuando quienes dirigen el proceso son mayoritariamente jóvenes, a quienes se les reconoce su valor y arrojo, bien pudieran cultivar un poco de paciencia que en definitiva redundará en una más acelerada resolución de la trágica realidad que nos arropa.

Lo anterior, luciendo razonable, es de difícil implementación en un marco donde la sociedad civil, libre y multiforme encuentra a su disposición los nuevos recursos tecnológicos comunicacionales expresados en las redes sociales desde las cuales cada teclado –incluso el utilizado para este artículo– se convierte en una tribuna con alcance indeterminado y potencialmente ilimitado. Duele observar cómo el uso de la descalificación y el insulto toman un papel cada vez más protagónico. Desafortunadamente poco se puede proponer a este respecto, salvo sugerir una limitación en la expresión desbocada del lenguaje utilizado en las plataformas digitales. El extremismo es natural y es parte de la pluralidad democrática, pero arrancarse los ojos entre quienes compartimos los mismos ideales y deseos para nuestra patria no parece ser un buen camino.

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