Armando Martini Pietri: Divide y vencerás puede ser mucho dividir y poco vencer

Armando Martini Pietri

CON INSISTENCIA SE COMENTA, que la oposición secuestrada en el G4/Guaidó, y el oficialismo obediente al castrismo/Maduro/Cabello, están divididos. Cada cual tiene grupos enfrentados, se pelean entre sí. El presidente encargado, no se representa ni se obedece a sí mismo sino más o menos dice algo después que logra poner de acuerdo a la marabunta que tiene dentro de la cueva. Maduro no manda, Cabello posee influencia y otros co-gobiernos internos tienen ascendientes. Sin olvidar a los militares en épocas de ascensos, promociones, relevos y contrataciones. La realidad es que el país está dividido, y parece costumbre venezolana.

Más de un prócer que se jugó fortuna, prosperidad y familia, se consideraba a sí mismo como jefe máximo y cuestionaba la autoridad de Simón Bolívar, especialmente caudillos venidos o forjados en las durezas de Oriente. José Antonio Páez fue jefe leal a Bolívar, incluso ni siquiera esperó a que muriera para impedir su entrada al país. Tras la larga, sangrienta, ruinosa y bastante caótica guerra de independencia, comenzaron algo más de 70 años de caudillos que inventaban sus propias revoluciones, algunos alcanzaron por más tiempo o por menos la jefatura del Estado, otros se quedaron en el camino, finalmente fueron convertidos por el puño y astucia de Juan Vicente Gómez en jefes civiles, sargentos y coroneles con haciendas.

Sin caer en cuentos de la historia, ni siquiera durante los casi 30 años de terror y control absoluto del benemérito, Venezuela supo lo que era unión. Mucho hablar y proclamarla, pero poco ejecutarla, en este país cada quien tira para su propia mochila.

Sin embargo, se han dado casos de abrazos convenientes. El Pacto de Punto fijo allá en las profundidades del siglo XX, cuando venezolanos inteligentes comprendieron que solos, cada uno por su lado, no podrían responsables gobernar una Venezuela seria; Acción Democrática, Copei y sus dirigentes decidieron continuar unidos cuando Jóvito Villalba no logró contener la borrachera revolucionaria del comunismo que Fidel Castro proclamaba en lo único que dio a su país hasta que murió, discursos, y URD tuvo minutos de euforia para después diluirse en el tiempo.

Décadas después la izquierda testaruda procastrista, envidiosa de ilusiones, fantasías y demasiadas veces apaleada por las masas populares venezolanas encontró un oportuno salvavidas que se fue convirtiendo en gigantesca balsa en la cual cabían los que estuviesen dispuestos a hacer lo que el comandante de la barcaza, y marineros de confianza -a su vez sumisos- decidieran. Era una embarcación en pleno desarrollo, como suele decir un periodista que quiso ser militar y aviador, pero le faltó estatura, aunque justo es reconocerlo le sobró conocimiento de lo internacional hasta que se montó en la almadía y encegueció. Es el problema de los que quieren ser más papistas que el Papa, más chavistas que Chávez. Y no decimos más maduristas que Maduro porque es cosa diferente, habría que decir más diazcanelista que Díaz-Canel, porque a los castristas más castristas que Castro hace tiempo escaparon o los fusilaron.

Así como el Libertador murió llamando a la unión, hasta el himno nacional habla de unidos y todo eso, el caballito blanco ya no trota hacia la derecha sino a la izquierda, pero solo y por su propia cuenta. Los venezolanos no somos unidos ni siquiera en el exilio, porque para unirse hay que tener una mezcla de opinión similar y grandeza para compartirla, diferente a la generosidad para indicar una dirección o compartir media hallaca.

Para dar ejemplo de unión desuniendo, un grupo de fracasados muy prestigiosos se une a la parte fuerte del régimen -la que tiene armas y le queda algo de dinero- ya que, por lo visto, del otro lado de la gran oposición desunida en sus conceptos, soberbias, exclusiones, malacrianzas, prepotencias y procedimientos, pero al menos aparente y anudada para terminar de quitarse la ignominia castro-madurista, no les han hecho el más mínimo caso.

Lo que está sucediendo en la sede de las Naciones Unidas esta semana semifinal de septiembre es que una gran cantidad de gobiernos del mundo se han unido en la certeza de que el castro-madurismo ya ha hecho metástasis de riesgo continental y es necesario extirparlo, sacarlo por las buenas o por las menos buenas -por las malas es cosa de Estados Unidos-, sin que falte el grupito desunido con los de antes y unidos en defender al castro-madurismo. El cerco diplomático quedó escenificado en los márgenes de la Asamblea General de la ONU con reuniones e intervenciones; las cuales culminaron con el incremento de sanciones por parte de Estados Unidos y la condena general a la dictadura madurista.

Hay uniones que contaminan y matan, divisiones que elevan voluntades y encienden alarmas, monedas con dos caras que jamás logran mirarse la una con la otra, unirse es conveniencia, desunirse cada cual para marchar a su aire es realidad humana.

@ArmandoMartini

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