ASUNTO ECONÓMICO: Estimando el financiamiento

Pasados poco más de sesenta días del año 2019 Venezuela parece tomar rumbo definitivo e irreversible hacia un escenario deseado por una inmensa mayoría (nacional e internacional), pero hasta hace poco considerado lejano; sin embargo una vez llegado el momento se debe tener cierto piso no solo político sino también social y sobre todo económico, pues el país se enfrenta a condiciones nunca antes experimentadas en Latinoamérica.

Venezuela se encara una reconstrucción total, para esto requiere una disponibilidad de recursos en igual o mayor medida a la profundidad de la crisis, lo que pese a expresarse con facilidad no es cualquier cosa ¿Por qué?

Por un lado se requieren recursos para tapar o rellenar el enorme hueco (casi cráter) económico resultante del modelo socialista criollo, a la par de esto se necesita tratar de ir reactivando el aparato productivo nacional, y finalmente mientras esto ocurre también se deben garantizar el acceso de la población y personas jurídicas a los bienes y servicios necesarios para poder cubrir todo tipo de necesidades.

Ahora bien ¿Cómo se cuantifican las necesidades de recursos? ¿Qué parámetros pueden constituirse en referencias para el caso?

Inicialmente debemos tener en cuenta que aún existen detalles desconocidos sobre la deuda venezolana pues no se sabe bien el origen o el destino de los recursos, también se desconocen particularidades de los tratados y convenios firmados, lo que crea una especie de sombra que agrega más dificultad en las estimaciones; sin embargo la deuda consolidada venezolana se estima en unos 166 mil millones de dólares americanos, lo que para tener una medida de comparación equivale al PIB de Catar en 2017.

La crisis económica venezolana es tan profunda que el país no posee la capacidad de salir adelante por si mismo, así que lógicamente la opción más viable es acudir al financiamiento internacional pero ¿Cuánto se necesita?

La interrogante anterior nos deja en una encrucijada pues la magnitud de la deuda es grande, pero las necesidades y requerimientos son aún mayores; así que como principio general se sabe que no se debe adquirir una deuda para cancelar otra deuda, por lo cual todo financiamiento debe ir mayoritariamente a consolidar y fortalecer las actividades productivas, lo que nos deja otra interrogante y es ¿Qué empresas se necesitan reflotar? Y de ellas ¿Cuáles se pueden salvar?

Ya en este punto usted podrá tener una idea de lo complejo y difícil que es el escenario venezolano, sin embargo lo más lógico parecería ser: 1) Priorizar las empresas básicas, 2) Dar mayor peso a aquellas con mayor nómina (en número de trabajadores), y 3) Producción de alimentos.

Entender también que como medida general toda empresa debe ser capaz de generar por lo menos el equivalente a un tercio de la deuda adquirida, así que indistintamente del escenario planteado el futuro para nuestra nación parece ser favorable pero en ningún momento fácil.

Finalmente tenga la seguridad que indistintamente de su profesión, oficio o nivel de conocimiento; tendrá la oportunidad de poner en práctica todo aquello para lo cual se ha preparado durante años, y de igual manera experimentar el sentido productivo que todo ser humano necesita como parte de su desarrollo integral, que quizá sea el mayor legado que se pueda dejar a las generaciones futuras.

Aníbal Araque|@econ_araque|Economista|Perito|Asesor

economia-integral@hotmail.com

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