EFRAÍN RINCÓN, @EfrainRincon1: Una tormenta silenciosa

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Muchas veces lo que vemos es diferente a la realidad. Suele suceder que nuestros sentidos perciben cosas que difieren de la realidad circundante, ya sea porque nos negamos a verla, o porque no disponemos de suficiente información para interpretarla correctamente. En estos días, la percepción mayoritaria es que los venezolanos estamos aletargados, víctimas de un silencio sepulcral frente a la tragedia que vivimos como país; una parálisis que impide que reaccionemos antes de ser devorados por la vorágine revolucionaria. Otros hablan de un conformismo crónico que nos atrapa en la sobrevivencia para no dejarnos morir. Pareciera que ya no tenemos fuerzas para seguir intentando un cambio de rumbo que nos devuelva la esperanza y la fe perdidas.

Sin embargo, ese silencio convive con una estruendosa tormenta. La quietud del país es aparente aunque parezca real. Estamos viviendo un momento de definiciones para bien o para mal de la República. El régimen no tiene capacidad para sortear la catástrofe producida por ellos mismos; cada vez es más reducido el apoyo de sus correligionarios; al igual que los opositores, la mayoría de los chavistas está apostando por un cambio de gobierno porque la miseria y el hambre desde hace rato se instaló en sus hogares. No hay plan económico del régimen que funcione, todo cuanto hacen va directo al fracaso, porque no tienen la voluntad de atacar las raíces de la crisis. El gobierno de Maduro ya no da para más, aunque todavía mantenga el control del país.

Por otro lado, ya no es posible seguir escondiendo la podredumbre de la revolución. Si alguna referencia histórica tendrá este régimen es la corrupción, considerada como el peor crimen de lesa humanidad que haya cometido gobierno alguno. Por culpa de la corrupción, los venezolanos mueren por falta de alimentos o por falta de asistencia hospitalaria y medicinas; los niños dejaron de ir a la escuela; los jóvenes perdieron el futuro. Gracias a la corrupción, millones de compatriotas engrosan la diáspora más grande en la historia latinoamericana. Mientras a Venezuela la persiguen por doquier la destrucción, la miseria y el caos, una minoría de bandidos saquearon al país de la manera más brutal y grotesca que ninguna nación del planeta pueda imaginar. El ventilador de la corrupción se encendió con tal fuerza que ningún ladrón saldrá ileso, por lo menos, del juicio de la historia.

La comunidad internacional sigue activa frente a la crisis venezolana. Las voces de apoyo para restituir la libertad y la democracia se mantienen firmes. En el ajedrez internacional el destino de Venezuela y sus implicaciones en la seguridad y estabilidad continental, es un tema que gana más adeptos. No sabemos exactamente cuáles son los planes internacionales para Venezuela, pero si sabemos que la diplomacia no se detiene, seguramente estará pensando en métodos que a muchos nos tomará por sorpresa.

Y dentro del país, estamos observando movimientos interesantes por parte de sectores de la sociedad civil y de partidos políticos, tratando de amalgamar posiciones que desemboquen en una unidad útil y conveniente para el país. El estamento político opositor venezolano no está tranquilo, sigue moviéndose en búsqueda de opciones que permitan construir un proceso de transición que nos lleve a puerto seguro, a pesar de la división y rivalidad que persiste entre algunas facciones.

Este panorama reafirma la necesidad de un proceso de negociación orquestado por los venezolanos con acompañamiento internacional. Frente a la brutal crisis de la nación y a la urgente necesidad que las cosas cambien para beneficio de los venezolanos, la negociación con el régimen es una opción que debe tomarse en cuenta, a pesar que esa palabra haya sido satanizada y maldecida por una porción importante de los venezolanos, incluyendo al ala más radical de la oposición democrática.

La negociación es inherente a la política y al poder. Frente a cruentos conflictos políticos que amenazan con desestabilizar a las naciones, o graves problemas que destruyen a las sociedades, la negociación es una opción que ha dado resultados. No podemos cerrarnos a esa posibilidad, especialmente, en circunstancias donde la permanencia del régimen en el poder se ha transformado en una tragedia muy dolorosa para los venezolanos.

La negociación exige racionalidad, inteligencia y una visión de mediano y largo plazo. La negociación no puede desarrollarse en escenarios donde la impulsividad, la radicalización y las falsas expectativas estén sentadas en la mesa de discusión. Asimismo, los negociadores deben gozar del mayor consenso posible para que sus actos estén acompañados de la transparencia y la honestidad para legitimar sus decisiones. Por ello es tan importante que la oposición democrática venezolana dirima con sabiduría sus diferencias para que, al momento de negociar con el régimen, nuestros negociadores sepan qué hacer para alcanzar las mejores condiciones para la transición política de la nación.

Insisto en la opción de la negociación con el régimen, aunque ello genere la crítica destructiva de algunos lectores, porque creo que aquí no habrá intervención militar internacional, ni insurrección militar, ni un levantamiento popular para destronar al régimen, a pesar de la calamidad que éste representa para los venezolanos y para la comunidad internacional.

El régimen está consciente de lo que podría venir a partir del próximo 10 de enero, cuando no sea reconocido por una gran cantidad de países, incluyendo a nuestros vecinos, Estados Unidos y la Unión Europea. Aun así, el régimen seguirá guapeando para quedarse en el poder porque fuera de éste tiene mucho más que perder. Entonces, resulta útil y conveniente para el país que la oposición empiece a abonar el terreno de una negociación beneficiosa para los venezolanos que cuente con el aval de la comunidad internacional, a fin de orientar el rumbo futuro de Venezuela y el rescate de la democracia y la libertad.

Pero nada de esto será factible y bueno para Venezuela, si la dirigencia democrática continúa anclada en los egos estériles, en los odios que retardan el advenimiento del cambio y en los radicalismos que impiden evaluar la opción de una negociación con el régimen.

Ojalá el ruido de esta tormenta sea el inicio del tránsito por un camino que acabe con el silencio que nos mantiene atados a la oscuridad, a la esclavitud y a la miseria.

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ

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