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Viernes , 8 de julio de 2011

El negocio de las “prepago” en Maracaibo: Entre Bs 300 y 3000 cuesta la hora de placer con una diosa

08/07/11 10:43 pm

    Repentinamente el rostro de apariencia inocente y mejillas sonrojadas se endureció en segundos cuando Carla escuchó el repicar del teléfono. En cambio, una voz seductora salió a relucir: “Somos complacientes, no te vas a arrepentir”, dijo tras nombrar los planes y tarifas del servicio. Por un momento podría confundirse, pero ella no es prostituta. Carla es la manager.

A la sombra de la confidencialidad funciona uno de los oficios  más antiguos en la humanidad, mas no por ello disminuye el tabú, interés y hasta indignación que despierta entre los seres más pudorosos.

En el negocio abundan los estereotipos de damas de compañía –típico eufemismo para referirse a quienes se dedican al oficio-, pero es claro que con el tiempo estos se han refinado desde todo punto de vista. Una -muy bien vestida y con “arreglos”- podría compartir su mesa, sin siquiera imaginar a qué se dedica; como ocurrió en ocasión de esta entrevista en un reconocido centro comercial de Maracaibo.

 

En la capital zuliana son numerosas las agencias que manejan a las chicas (al menos más de 20, según las que conoce Carla), a quienes se les adjudica ser de “la vida fácil”, y en cierto aspecto lo es. Sin embargo, hombres y mujeres, dedicados a los servicios sexuales, arriesgan tanto o más que en cualquier otro empleo, pues está en juego más que su integridad física.

En ese aspecto Carla es tajante al asegurar que “muchos dicen que esta es una vida fácil o alegre, pero no es así (…) Claro, tampoco puedo decir que todo es malo, hay más cosas buenas que malas”.

Este negocio es una cadena en donde el eslabón primero es el proxeneta, intermediario, chulo-madame o como se le conoce de manera más actual “manager”, pero también están las “independientes”.

 

 

100% confidencial

Para hablar sobre cómo funciona el mundillo de la prostitución es preciso hacerse de paciencia para convencer a alguna de que quiera hablar, y es que la confidencialidad es una de las reglas más valoradas en el negocio. “Nadie se quiere comprometer, vos sabéis cómo es todo”, asegura uno de los intermediarios, quien prefiere identificarse como Juan Carlos.

 

Él también “maneja” a las mujeres. Su labor consiste en atender las llamadas, contactar a las chicas y al taxista que las trasladará, por lo general alguien de confianza. Los “manager” son la necesaria conexión con los clientes, algunos fijos, por supuesto, y ello los reviste de la obligación de velar porque se cumpla lo acordado.

Cada uno esconde su identidad con un seudónimo e incluso quienes acceden a dar información, no revelan el que usan, “porque en el gremio saben cómo me dicen, y no quiero problemas”, señala quien prefiere que se le diga Sandra, segura de que no hay otro intermediario quien se haga llamar así.

 

Las agencias tienen términos y condiciones establecidas, así como tarifas sobre el tiempo que el cliente quiera estar con la muchacha, pero siempre va implícita la seguridad y garantía de preservar la identidad tanto de quien pide el servicio, como de quien lo realiza.

 

El negocio de las “prepago” en Maracaibo: Entre Bs 300 y 3000 cuesta la hora de placer con una diosa

“Los mejores clientes son los viejos”, dice Carla, porque generalmente solicitan a la dama para hablar y además, dan propinas. El negocio de esta “mánager” está en varios estados del país, en oriente se cobra más que en Maracaibo, el costo puede ser el doble.

Mundo “prepago”

Tres modalidades podrían destacarse en el negocio de la prostitución: las callejeras (quienes buscan a sus clientes en las avenidas, sin discriminar entre los hombres que tengan que atender), las que se valen de los medios tecnológicos como los teléfonos, y las “prepago”, tal como señalan Ángela Bermúdez, Ana Gavina y Hamilton Fernández  en su investigación “Estilos Psicológicos de Personalidad en un Grupo de Mujeres Adultas Jóvenes Dedicadas a la Prostitución “Prepago” en la Ciudad de Medellín” (2007).

Los autores refieren que aunque no hay bibliografía que señale características específicas sobre estas, se describe a las “prepago” como mujeres bellas e inteligentes, que por su preparación y gustos exquisitos, pasarían desapercibidas y nadie pensaría en ellas como prostitutas de “cuello blanco”, si así podría llamárseles, quienes atienden a los clientes más exigentes y con mejor gusto.

En la ciudad también las hay, dicen Carla y Sandra: Personajes públicos e influyentes del Zulia forman parte de la clientela. “Políticos, músicos, empresarios…” afirma Carla entre miradas pícaras, sin la menor intención de revelar nombres.

Las más reconocidas y destacadas en la cama son aclamadas, y por tanto, su precio aumenta con la trayectoria y los “arreglos”, es decir, aumentos de busto, glúteos y otras operaciones e intervenciones estéticas, que –por supuesto- encarecen el precio del servicio.

Entonces, la hora “si es una sin arreglo, cuesta 300, y si es con una con arreglos puede valer entre 500 y 3000 bolívares”, indica Sandra. Las más caras son las “prepago”. Por su parte, las chicas de Juan Carlos tienen una tarifa de 700 bolívares por hora.

De ese dinero, los managers se quedan con un porcentaje que oscila entre 15 y 70%, de mutuo acuerdo. “Hay agencias que cobran 300 y le dan 90 bolívares a la muchacha”, revela la madame. La ventaja del intermediario es que tienen el contacto con la cartera de clientes. Las que trabajan de manera independiente, deben buscar sus propios “compradores”.

“Entre más explotaíta (hermosa), mejor. El cliente paga por chicas finas”, dice Juan Carlos, quien asegura contar con las  mejores de Maracaibo. Es por ello, indica el hombre, que a la hora de reclutar solo se admiten a las que cumplan con los requisitos mínimos: tener buen cuerpo y cara bonita.

Es el “mánager” el contacto para acceder a las “prepago”, cuando el cliente no quiere arriesgarse con una de la calle. La diferencia entre ellas, dice Carla, es que las chicas de agencia y las “prepago” cumplen –en cierto modo- los estándares de calidad que busca el cliente.

“Yo las arreglo, las pongo bonitas, las perfumo y les digo cómo se tienen que portar para que el cliente las vuelva a llamar” asegura Carla. En cuanto a Sandra, tiene para varios gustos y bolsillos, pues puede contactar tanto a mujeres desde el más bajo al más alto precio.

Para fijar esas tarifas, dice Carla, “uno llama a otros servicios y pregunta en cuánto está la hora”, de allí se fija un costo competitivo en relación a las otras casas de citas.

 

Reglas del juego

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la prostitución o Trabajo Sexual Comercial, está definido como actividad en la que una persona intercambian servicios sexuales a cambio de dinero o cualquier otro bien, citan Bermúdez, Gavina y Fernández citan la definición (2007). Sin embargo, no se establecen diferencias entre una y otra modalidad, por tanto cuando se trata de contratar un servicio, explica Carla, el cliente paga  por adelantado, y a esto también le llaman servicio “prepago”, es decir, a la manera en que se cancela.

El cliente también debe aportar el dinero del taxi (ida y vuelta) y el costo de la habitación en el lugar de encuentro. Es posible que –si el hombre o pareja es confiable- se hagan servicios a domicilio.

¿Qué incluye el precio? Sandra dice que durante la hora, la chica debe complacer al cliente en lo que él quiera. “Son los tres platos, como quien dice. Eso de planes no se estila, porque el cliente es el que está pagando”.

En el caso de Carla, es más específica e incluso da libertad a que cada una escoja si quiere ganar un poco más. “En otras agencias a veces te obligan a hacer cosas que yo no (…) Más que una jefa, me gusta que ellas (sus empleadas) me vean como una amiga”.

Es por ello, que da las indicaciones precisas para que dentro de lo permitido, complazcan al cliente, siempre con las medidas de seguridad: está totalmente prohibido tener relaciones sin preservativo, aún si se trata de sexo oral. Entre las limitaciones está no dar besos en la boca (por sanidad) ni ofrecer sexo anal, aunque es lo que más piden los hombres. “Si el cliente quiere, tiene que convencer a la muchacha y pagar más. Yo de eso no me encargo”.  El extra puede costar entre 300 y 500 bolívares.

Otras recomendaciones son válidas: no aceptar bebidas sin que la chica esté segura de que no se puso ninguna substancia en ella y no dejar el vaso solo, para evitar la misma situación; mantener informado al mánager de todo lo que vayan a hacer, o de nuevas propuestas fuera de lo acordado. Es necesario, además, que las mujeres tengan agilidad suficiente para identificar a los hombres abusadores y saber cómo controlarlos, pero esas son cualidades que se desarrollan con la experiencia, señalan.

 

Vulnerabilidad

En el mundo de la prostitución  los riesgos son inminentes. Quienes usan su cuerpo como mercancía y quienes lo disfrutan, enfrentan cada día una lucha para librarlo satisfactoriamente, desde el punto de vista físico y moral.

El negocio de las “prepago” en Maracaibo: Entre Bs 300 y 3000 cuesta la hora de placer con una diosa

En un día las sexoservidoras pueden atender entre 6 a 8 clientes los días buenos, y de 2 a 3 los días malos. El negocio es más productivo de lunes a jueves, y durante las ferias en noviembre -por la cantidad de turistas- hay trabajo seguro, dice Carla.

Aunque hay quienes asumen su oficio sin problemas, la mayoría se somete al anonimato, como una de las novatas empleadas de Carla, quien finge trabajar para una casa de familia y a quien se notaba visiblemente ansiosa porque en cuestión de minutos le tocaría atender a sus tres primeros clientes.

“Esta es la vía más fácil para conseguir el dinero que necesito” es la explicación de la joven con gesto de resignación. Es la necesidad lo que lleva a esa vida, señala su jefa, quien no desmerita lo beneficios que ha logrado por  seguir ese camino.

Carla admite que cuando comenzó no lo hizo por necesidad propiamente, sino por otras razones personales, pero reconoce que hay muchos riesgos como el de las enfermedades (aunque asegura que toma las previsiones), y del temor a un cliente que resulte violento.

“En una oportunidad me tocó atender a un hombre que estaba molesto porque pidió un gigoló y no llegó (…) Me quería pegar y lo golpeé con el teléfono (…) Salí corriendo desnuda de la habitación del hotel. Menos mal que mis compañeras tenían ropa demás”.

El temor al qué dirán es, quizás, de lo que más se cuidan en este ambiente. Muchas mujeres dedicadas al oficio, fungen como licenciadas, abogados, médicos y otras profesiones, y en sus ratos libres sostienen encuentros. “Otras son madres o están casadas, entonces trabajan de día”, comenta Sandra.

Sin pudor alguno, Carla dice que para ella es irrelevante: “Yo sí soy puta y al que no le guste, que no me mire”.

Sin embargo, debido a que la mayoría de los clientes son hombres casados, en edades comprendidas entres 40 y 70 años, es principalmente por ellos que el mundo “prepago” se mantiene. Una de las explicaciones la da la empleada de Carla: “los hombres se hicieron para ser infieles”, y el que sabe cómo se mueve este negocio, sabe cómo aprovecharlo.

Ciertamente no es la única razón, pues para sorpresa de esta manager, cada día toma más auge el servicio doble, con lo que se duplica el costo. La dama de compañía debe atender a parejas de casados, quienes buscan específicamente a un tipo de muchacha con quien hacer tríos.

Carla por ahora es la jefa, pero no descarta volver atender a los clientes personalmente como solía hacerlo hasta hace más de un año, pues a pesar de los riesgos, reconoce que tras el trabajo difícil hay dinero y diversión, sobre todo con los clientes “buenos”.

 

Noticia al Día

Fotos: Luís Molero

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