Inicio
Domingo , 28 de agosto de 2011

El Sermón del Domingo. Jesús: ¿Dios, hijo de Dios, loco, profeta, extraterrestre, iluminado, socialista? Isaías 42: 1-7 (Rev. P. Germán Novelli)

28/08/11 10:49 am

     Si aplicamos una encuesta, para conocer qué piensan las personas, en todo el mundo, sobre Jesús de Nazaret, la muestra recolectada arrojará respuestas que, además de disímiles, serán contradictorias. La persona de Cristo, rechazado totalmente por los ignorantes, es aceptado por todas las corrientes del pensamiento religioso, político, social y filosófico que existen.
Los musulmanes, aunque niegan que Jesús sea Dios, sin embargo le reconocen virtudes de gran profeta de Alá. Otras escuelas, religiosas o no, le tan títulos que le califican desde Dios hasta el absurdo de afirmar que el Señor fue un extraterrestre, enviado desde otros mundos, y que usó para llegar a la tierra, un platillo volador en forma de estrella.
Siendo la Biblia, el libro que introduce a Jesús en la historia, nos enfocaremos en la descripción que, 600 años antes del nacimiento de Jesús, hiciera sobre él, el profeta Isaías.
El Mesías de Dios
Isaías 42:1. »Éste es mi siervo, a quien sostengo, mi escogido, en quien me deleito; sobre él he puesto mi Espíritu, y llevará justicia a las naciones.
Dios el Padre señala al Mesías como siervo. Esta expresión ha hecho que surjan, por lo amplio del término, algunos confundidos. Por ejemplo, los judíos piensan que no se refiere a una persona sino a la nación de Israel. ¿Será por ese carácter excluyente al resto de las naciones, que hacen la guerra a todos sus vecinos?
En este texto, Dios está hablando sobre su legítimo siervo, quien obedecerá totalmente su Palabra y se someterá absolutamente a su voluntad: “El hijo del hombre vino a servir, a entregar su vida para rescatar a la humanidad”.
El siervo es escogido por Dios. Es verdad, todos los creyentes hemos sido escogidos por Dios para salvación, aunque nadie merece esa selección. En el caso de Cristo, él si tenía méritos para ser seleccionado, “porque no cometió pecado ni hubo engaño en su boca”
Todos los cristianos tenemos el Espíritu Dios, pero Cristo es Dios. Cada creyente cuenta con el amor de Dios, porque el Padre nos mira a través de Jesús. ¿Cuál es la diferencia? Vamos a presentarlo de una manera sencilla. Los criterios que usa un entrenador para seleccionar a un futbolista o a un jugador de béisbol, son ver sus capacidades, su rendimiento, sus méritos deportivos.
Ahora notemos cuáles son los criterios selectivos de Dios, y confrontémoslo con los que nosotros. Nadie tiene la santidad para ser llamados siervo de Dios. Todos somos pecadores, todos nos hemos descarriados, nadie es justo ni perfecto. Por eso Dios escogió a uno que fuera santo en todo, justo en todo, perfecto en todo, para que ocupara nuestro lugar. Cada exigencia de Dios, por su naturaleza, solo pudo ser cumplida por uno igual a Dios. Cristo cumplió cada una de ellas. Cristo es Dios encarnado.
El portador de la justicia
Isaías 42: 2 No clamará, ni gritará, ni alzará su voz por las calles.
La conducta del siervo se distinguirá de cualquier líder religioso, político o moral. El siervo escogido por Dios, será discreto, humilde, no hará promoción en su favor. En Cristo, desde su nacimiento hasta su muerte, vemos humildad.
El siervo de Dios se enfocará en la justicia fiel: Isaías 42:3 No acabará de romper la caña quebrada, ni apagará la mecha que apenas arde. Con fidelidad hará justicia. La justicia de Dios es distinta a la del mundo que determina, según los intereses de cada quien, lo que se vale o no se vale.
Dios tiene claramente estableció en Su Palabra lo que es o no es correcto. Cualquier violación a las leyes divinas, tiene como sentencia la pena capital. “La paga del pecado, es decir desobedecer el mandato de Dios, es muerte”.
Esta verdad bíblica nos lleva a concluir, conforme al pensamiento de Dios, que toda la humanidad merece ser ejecutada. El papel de Cristo, como portador de justicia, fue cumplir perfectamente, sin fallar una jota o un acento, toda la ley de Dios. El cumplió toda justicia, y por medio de él, por pura gracia, somos declarados justos. En Jesús, “la justicia de Dios, es para salvación”.
El siervo de Dios se esforzó en ejecutar la misión que el Padre le encomendó: Anunciar que la paz, la justicia y la libertad había llegado desde el cielo para toda la raza humana. Isaías 42: 4 no vacilará ni se desanimará hasta implantar la justicia en la tierra. Las costas lejanas esperan su enseñanza.»
Desde que comenzó su trabajo, el empeño del Señor fue que a través de él, las criaturas se reconciliaran con su Creador. Que el mundo, cuando escuchara la palabra, fuera movido al arrepentimiento y, por fe, recibiera toda la gracia del perdón de Dios.
Este mensaje de salvación y paz no fue dado, con carácter de exclusividad, a la nación hebrea, al estado de Israel, como sugieren los fanáticos sionistas. Las costas lejanas tienen que ver con que toda la tierra, todas las naciones, escucharan las buenas noticias del cielo, es decir el evangelio que, por mandato de Cristo, será anunciado en todo el mundo.
Le encarnación del Divino Plan
La Palabra muestra que no hay duda de que Dios, es quien presenta y envía al Redentor. Isaías 42: 5 Así dice Dios, el SEÑOR, el que creó y desplegó los cielos; el que expandió la tierra y todo lo que ella produce; el que da aliento al pueblo que la habita, y vida a los que en ella se mueven.
Está presente una marcada diferencia entre el verdadero Dios y los falsos dioses. El Dios que presenta a su siervo es “Él que creó y desplegó los cielos”. El Dios que presenta y envía a su siervo es “Él que expandió la tierra y todo lo que ella produce”, es decir, él que da todas las cosas: pan, trabajo, libertad, salud. El Dios que presenta y envía a su siervo es “Él que da aliento al pueblo que la habita, y vida a los que en ella se mueven”, el que sostiene la vida espiritual de los creyentes y da la fe a los incrédulos.
A través de Cristo, Dios hizo un nuevo pacto, en el que está incluida toda la humanidad: Isaías 42: Yo te formé, yo te constituí como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, 7 para abrir los ojos de los ciegos, para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas. Jesús vino al pueblo de Israel, pero ellos, no solo no le creyeron, sino que lo mataron. Aunque hubo judíos que si creyeron en Jesús como el Mesías, en la Biblia, entre los judíos que confesaron su fe en Jesús, son mencionados Simeón, Ana, Nicodemo; José de Arimatea, todos los discípulos, con la excepción de Judas Iscariote.
Pero Jesús también vino para ser “luz para las naciones”, por eso vemos a gentiles que creyeron en Cristo: los magos, soldados romanos, samaritanos y nosotros.
El Plan de Dios, en su siervo Jesucristo, es que todos dejemos de ser ciegos, porque en Jesús hemos sido “llamados de las tinieblas a su luz admirable”. Es Dios mismo, quien señala a Cristo como el Redentor, “el que salvará al pueblo de sus pecados”.
La Biblia, Palabra de Dios, muestra la misión del Mesías: Dar a conocer, en él mismo del amor del Padre Dios, que incluía el sacrificio en la cruz del siervo enviado y sufriente. “Para que la sangre derramada nos limpiara de todo pecado”.
Dios desea que todos crean y confiesen a Jesús como Salvador. Juan 3:16-17 “»Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.”. ¡Soli Deo Gloria! Amén.
(novelli_ve@msn.com)

Haga su Comentario


+ 5 = siete

NotiActual.com no se hace responsable de los comentarios emitidos por terceros,hacemos el mejor esfuerzo por evitar textos indebidos de acuerdo a nuestras condiciones de uso, todos los comentarios se llevan a cola de moderación hasta que son aprobados por un editor. -. Ver Condiciones de Uso-
Recomendamos Leer