Lo Bueno y lo Malo de los Edulcorantes


Lo Bueno y lo Malo de los Edulcorantes

Los seres humanos tienen una preferencia natural hacia lo dulce. Los expertos explican este hecho como una “adaptación de supervivencia básica”, atendiendo a que la misma puede ser un medio evolutivo para asegurar la aceptación de la leche por parte de los infantes, debido a que ésta es un alimento esencial para el mantenimiento de la vida y debe su sabor, ligeramente, dulce a su lactosa propia.

En los últimos años, el modelo estético de los cuerpos sin grasa y musculosos ha estimulado el consumo de alimentos y bebidas light, en esencia, bajos en calorías. Para conseguirlos, desde la industria se ha fomentado la investigación de aditivos alimenticios capaces de mantener el sabor o las características organolépticas de los productos originales con un aporte calórico inferior.

Uno de los grupos de productos que más se ha desarrollado corresponde a los edulcorantes artificiales, aditivos nutricionales que persiguen imitar la capacidad de endulzar del azúcar sin aportar las calorías de éste.

Efectivamente, estos endulzantes son tan familiares que es extraño encontrar un hogar que no posea un frasco de estos en cualquiera de sus presentaciones. No tienen porqué existir problemas de diabetes para tener a mano unos de estos preparados químicos, que la tendencia de lo light ha hecho aceptar de buen grado.

 

En la actualidad, se consideran legalmente como aditivos alimentarios añadidos intencionadamente a los alimentos para mejorar sus propiedades físicas (sabor y conservación, por ejemplo.) Por tanto, deben atenerse a la correspondiente legislación a la hora de ser utilizados o añadirlos a la dieta.

El consumo cada vez más frecuente de éste tipo de sustancias, ha suscitado más de una polémica. Las principales giran en torno a que si el consumo regular puede afectar la salud humana qué edulcorante es el más adecuado o cuál es la cantidad máxima que podemos tomar.

En cuanto a la utilización que, hasta ahora, se les está dando a los potenciadores del sabor, los especialistas toman la palabra para advertir sobre los beneficios y los efectos que estos pueden causar en el organismo.

La nutricionista Marina Ramírez explica que estos son compuestos químicos, sintéticos o naturales, que buscan mejorar el sabor dulce de las preparaciones. Por lo general, están indicados en pacientes con mal manejo de las glicemias o azúcar en la sangre o personas con trastornos importantes en el metabolismo.

“Es importante dosificar su consumo ya que un uso elevado en frecuencia y cantidad puede desmejorar las condiciones de salud del paciente y ocasionar una hiperglicemia. En el peor de los casos conlleva a una prediabetes, diabetes o síndrome metabólico”.

Para quienes tengan un estado de salud normal, la nutricionista aconseja acceder a su utilidad de una forma prudente: una cucharada por cada 240 centímetros cúbicos o mililitros. Los diabéticos deben reducirse la cantidad a una pequeña cucharada.

Atendiendo a sus compuestos, Ramírez especifica que los edulcorantes son monosacáridos, los cuales luego de su oxidación transforman los carbohidratos en energías a diferencia del azúcar blanca, que es un disacárido (fructosa-glucosa) que cuando se oxida lo que aporta son calorías, que contribuyen en la ganancia de peso.

Desde la práctica clínica, la especialista confiesa no indicar ningún tipo de edulcorantes. “Lo más aconsejable es, en el caso de los jugos, prepararlos con mayor concentración de la pulpa y evitar el uso de cualquier endulzante. Las frutas y la mayoría de los alimentos contienen su propia fructosa”.

El naturópata Rafael Pacheco es directo y determinante cuando habla sobre los endulzantes. “Los azúcares de alcohol, la blanca y el aspartame son 100% cancerígenas por lo que resultan nocivas para la salud”.

Tratando de buscar una definición precisa asegura que “son venenos para nuestro organismo. Están relacionados como causas de muchas enfermedades: leptospirosis, roba las reservas de complejo B, osteoporosis, debido a que libera grandes cantidades de calcio”.

No obstante, Pacheco hace una salvedad cuando dice que los endulzantes más recomendables son los naturales como la fructosa, la esplenda y la miel.

Dentro de sus beneficios apunta que contienen celulosas, no engordan y no producen ningún efecto inverso.

En general, el exceso de azúcar o sacarosa, como todo exceso, puede ser dañino, tanto para la salud de personas sanas, como de aquéllas que padecen enfermedades crónicas relacionadas con el aumento de peso (obesidad, diabetes, hipertrigliceridemia), puesto que grandes cantidades aportan calorías extra, lo que contribuye a desmejorar la salud.

Endulzantes nutritivos: En este grupo se incluyen la fructosa o levulosa, el jarabe de maíz, la dextrosa y los polialcoholes (sorbitol, manitol, xilitol, lactitol, maltitol).

Se encuentran en forma de edulcorantes de mesa (fructosa); en alimentos, bebidas y fármacos (fructosa, dextrosa, jarabe de maíz) y en chicles y caramelos (polialcoholes).

Endulzantes no nutritivos: En este grupo se incluyen la sacarina y sus sales sódica y cálcica (300-400 veces más dulce que el azúcar); el aspartame (180-200 veces más dulce que el azúcar); el acesulfame K o potasio acesulfame (200 veces más dulce que el azúcar) y la sucralosa (600 veces más dulce que el azúcar). El ciclamato (30-60 veces más dulce) fue prohibido en 1970 en los EEUU por la FDA, quien está estudiando su reincorporación.

 

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