María Alejandra Malaver, Normas: Ingrediente de las sociedades

María Alejandra Malaver

Opinión-. ¿Qué nos diferencia de los hombres cavernarios? Una de las tantas diferencias entre ellos y nosotros es el establecimiento de las normas, y éstas entendidas como fruto virtuoso de nuestra capacidad de razonar, elemento que nos distancia de los animales.

Desde las incipientes sociedades del mundo, se empezaron a crear normas de convivencia. Los parámetros a seguir surgen como medios para perfeccionar la existencia, para proteger a los individuos, y para entablar una comunidad monolítica.

Las más primitivas normas buscaban alargar la vida de los hombres, protegerlo de los peligros e ir mejorando su calidad de vida. A este ritmo, fuimos creando sociedades.

Pasamos de las cavernas a las chozas, y de éstas a las casas. Construimos aldeas, poblaciones hasta llegar a las ciudades antiguas y a las modernas.

Las normas establecidas nos enseñaron un camino, el cual trazaba el cómo hacer las cosas. Mediante ellas logramos implementar un dogma social que se resumía en el “bienestar común”.

Es por este motivo que el adecuado cumplimiento de las normas es la decisión idónea para crecer como sociedad y como ciudadanos.

Cuando nuestros hijos cumplen las normas sencillas del colegio, lo vamos formando para ser buenos ciudadanos; cuando nosotros mismos entendemos que existen unas normas en el condominio que son para el buen vivir de todos los vecinos, y las cumplimos, logramos vivir bien y que los demás también vivan adecuadamente.

Hasta en nuestros propios hogares establecemos normas de convivencia. A nuestros hijos le damos horas de llegada, decidimos cómo comportarnos en la mesa. Todas estas reglas nos dan fisonomía, moldean nuestro carácter y nos permiten construir una sociedad para la vida y no para la anarquía.

Por todo esto, es transcendental que como ciudadanos cumplamos las diversas normas llámense ordenanzas municipales, leyes regionales, leyes orgánicas, Constitución nacional o tratados internacionales, porque a raíz de su acatamiento todos podemos crecer en armonía y alcanzar un desarrollo sustentable.

Qué fácil sería todo, si cada uno de nosotros cumple y hace cumplir las normas sociales. Qué distinto sería todo, si en el pasado hubieran actuado siguiendo las reglas y no violándolas, origen real de la actual realidad que padecemos los venezolanos.

Tanto ayer como hoy parece que es una moda el hecho de ultrajar las normas, para algunos éstas son barreras que impiden el crecimiento, mientras en realidad son escaleras por las cuales ascender en orden hacia un empoderamiento ciudadano real, efectivo y contundente.

Y cuando hay normas injustas que violentan los Derechos Humanos, estamos en el derecho y en el deber de actuar como ciudadanos exigiendo los cambios de manera organizada e incluso justificándolos en base a la moral y al tratamiento digno para las personas, enalteciendo valores y principios.

Además de todo lo expuesto, tenemos que evitar la corrupción. Sí, la corrupción no sólo abarca la mala manipulación de los dineros públicos, sino que el incumplimiento de las reglas es un acto corrupto y corruptor que violenta la calidad de vida de las sociedades.

Las normas no se hicieron para romperlas, se hicieron para respetarlas. Y cuando la sociedad avance, las normas se deben adaptar, sincerar y mejorar.

En :Política

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