Sainete en cápsulas : El último “lingoncito”

José Luis Zambrano PadauyJosé Luis Zambrano Padauy

Cuántas veces no he despertado ofuscado con la sensación desmedida de que algo sucedió en el país. Con una certeza inexorable de que se quebraron los sollozos por el hambre y se recobró el sentido estricto de la democracia.

Pero esas ilusiones sorpresivas desaparecen, cuando se sigue respirando el ambiente fúnebre en las calles. Un luto impuesto por jerarcas insolentes, pues se nos ha muerto el territorio de los adagios, de los compases del tío Simón y los arpegios del arpa de Juan Vicente. Nadie recuerda las rimas de Andrés Eloy Blanco o que Gallegos fue el Presidente electo más intelectual y quizá el más corto que ha tenido Venezuela.

La historia no se lee de la misma manera. Chávez tenía razón en que siempre sería recordado y cambiaría nuestros designios. Creo que el aprendizaje está estampado como tatuaje rudo en todo el territorio devastado en una nación en otrora con tantos privilegios.

Ansío levantarme con la dignidad intacta y unas ganas brutales porque esta nación espléndida sea liberada de la opresión de la miseria. Quiero abrir los ojos anegados por la emoción, tomarme un café suculento de esos tiempos gloriosos de la patria verdadera y leer en todos los periódicos, que cayeron los malhechores y se programan elecciones justas para la paz económica, política y social.

Pero siempre me derrumbo cuando sigue el mismo mandamás y sus declaraciones inescrupulosas. El gobernante de Venezuela compra ahora su primer “lingocito”. Esbozando su misma imprudencia acostumbrada, adquirió los primeros certificados de ahorro en oro, emitidos por el Banco Central de Venezuela.

Esos lingotes de oro imaginarios que seguramente jamás verán sus consignatarios, nos hacen recordar los verdaderos, aquellos substraídos de las arcas de respaldo nacional y que fueron desaparecidos por el señor de la verruga años atrás y, según las leyendas urbanas, yacen escondidos en los dominios cubanos o en alguna otra isla veraniega de estos despiadados.

Los llaman “títulos de ahorro en oro”. Lo miden por gramos y con las cotizaciones de los mercados internacionales de estas piezas doradas. Todavía no tengo en mi poder cifras o algo que me dé indicios de la cantidad de incautos posibles, frente a esta argucia montada para quitarle el dinero a los más ingenuos.

Lo notable de tanto plan para el aturdimiento, lo constituye el siempre apabullarnos con nuevas ideas. Ahora el Banco Central autoriza a las entidades públicas y privadas, para comprar y vender divisas a la misma tasa única de 61,3 bolívares soberanos por dólar, cuya acción era reservada en exclusividad a las casas de cambio.

En otro momento o en otro país, dicho anuncio no tendría tanta rimbombancia o sería simplemente algo positivo, al venir de un ámbito de tantas restricciones. Pero a sabiendas de la descocada economía venezolana, la libre convertibilidad, así como la apertura en la banca de cuentas en moneda extranjera, debe traer tras de sí, otra intención poco alentadora y generarle más riquezas a los que se hallan atrincherados en el poder.

Para muchos especialistas esta es otra guasa más. Buscan tal vez el darle otra vuelta a las casas de cambio en las que nadie cree, pues están de espaldas a la realidad económica.

Son tan fuera de lugar y suenan a cuento viejo todas estas novedades que, si tuviesen la intención real de recomponer sus desatinos económicos, no perseguirían como sabuesos a zorra a las cuentas bancarias manejadas desde el exterior con las tasas reales de la oferta y la demanda.

Sabemos de buena ley que el Gobierno no tiene liquidez para ofertar los dólares necesarios para asumir estas medidas. También que jamás veremos estos lingotes adornando el domicilio de un venezolano ilusionado. De lo que sí estoy convencido a cabalidad es que no existen cuentos de fantasía, ni burlas resplandecientes, que evite la hora final para quienes destruyeron el país más bello del mundo.

MgS. José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571

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