​Improvisación y desespero en Guasdualito: una semana pasaron sin agua ni comida familias afectadas

Vecinos se organizan para llevar en canoa los suministros necesarios a las comunidades. La GNB reparte alimentos en refugios ubicados en las zonas secas

Guasdualito.- “¡Corran que llegó el agua!”, gritaron los niños cuando vieron los empaques de las botellas que sobresalían de la canoa anaranjada. Estaban todos correteando en el puente del caño Periquito y fueron los primeros que vieron la embarcación. A su grito, los adultos se activaron y dejaron de inmediato el juego de cartas que tenían frente a un toldo que servía de techo para tres familias. Se abalanzaron sobre el primer grupo de voluntarios que llegó al sector Manga del Río de Guasdualito. En menos de cinco minutos, tres paquetes de bombonas de un litro de agua se desaparecieron entre las manos de los afectados, al igual que dos sacos de yuca. Esta era la segunda vez que recibían donaciones, después de estar ocho días con el río dentro de sus casas.

El equipo de Contrapunto abordó esa canoa anaranjada en la calle Cedeño en el centro de Guasdualito. Durante los 15 minutos de recorrido hasta Manga del Río, lo que antes era una zona clase media con comercios, escuelas y casas familiares, este domingo era un lugar con agua aceitosa y oscura que alcanzaba las ventanas de las viviendas deshabitadas. La mayoría de los dueños pidieron refugio a un pariente, otros llegaron a uno de los 15 albergues establecidos por el gobierno regional y un último grupo prefirió subir al segundo piso de las estructuras.

Los que se quedaron aguardaban a que alguno de sus familiares llegara chapoteando con el río por los muslos y con alguna de las bolsas de comida en las manos. Desde el segundo piso o desde el techo, ellos también gritaban a los voluntarios para que les lanzaran una botella de agua, cuando la canoa pasaba frente a sus casas. En una de las viviendas, que no fue abandonada, se escuchaban las notas de un vallenato a todo volumen, mientras que en otra de las calles tres personas pernoctaban en la parte de atrás de un camión 350.

La primera vez que las 500 familias de Manga del Río vieron llegar una canoa cargada de comida fue el sábado 4 de julio, siete días después de que sus casas fueran anegadas por el río Sarare, combinado con el caño Periquito (corriente que se usa como desagüe). Lo mismo ocurrió con El Diamante, una localidad que cuenta con 50 grupos familiares y está a dos cuadras de distancia. Ambas comunidades son zonas de bajos recursos y sus habitantes prefirieron quedarse en sus hogares, con el agua por las rodillas.

Las zonas rurales y los sectores que están en el centro de la ciudad como carrera Nariño, calle Vásquez y barrio Obrero son los lugares que aún o han sido tocados por la ayuda oficial o voluntaria de los vecinos organizados.

Los consejos comunales llevaron bolsas de mercado a Maga del Río y El Diamante con dos latas pequeñas de atún, un kilo de azúcar, leche y pasta, y dos kilos de arroz. Solo 220 familias se beneficiaron con el donativo en el primer sitio, y en el segundo los afortunados fueron 28.

Desde el sábado 27 de julio estas comunidades quedaron anegadas. Tras ocho días sin agua potable, los afectados recibieron con gusto las botellas de agua que les llevaron los vecinos voluntarios este domingo e hicieron colas con sus tobos y pipotes para acceder a la manguera de la cisterna que apareció 20 minutos después que la canoa anaranjada.

Funcionarios de la milicia se encargaron de distribuir el líquido que se acabó en cinco minutos. Tuvieron que ir por más al centro de operaciones.

“Nosotros teníamos un tanque de agua, de ahí nos bañábamos y cocinábamos. La ropa la lavamos con la del río para ahorrar la potable. Ayer (sábado 4 de julio) se nos acabó”, dijo Jegni Contreras, madre de tres niños de 2, 6 y 12 años. Ella y su esposo, Amílcar Atencio, llevan toda su vida en Guasdualito. Son sobrevivientes de la inundación de 2002. Dicen que la de este año ha perjudicado a más personas que la anterior y aseguran que tomarán previsiones para evitar ser víctimas del desbordamiento del río Sanare. “Será que tendremos que construir las casas a 30 centímetros del suelo”, manifestó Atencio.

La pareja indicó que sus hijos no han sufrido de fiebre pero sí de hongos en los pies. “Claro, si están todo el día en el agua descalzos”, dijo Contreras, mientras la pequeña de dos años se sujetaba de su pierna mientras chapoteba . Agregó que el equipo del Hospital José Antonio Páez fue varias veces en la semana a la comunidad, pero “se paraban como 20 minutos a atender a algunos cuantos y seguían hacia otro lado”.

La organización


Desde el centro de operaciones instalado en el Club Periqueras de Pdvsa salen los alimentos e insumos para la ciudad inundada. Allí convergen funcionarios del Ejército, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Protección Civil, Bomberos del estado Apure y trabajadores de la gobernación. Este domingo se veía a los uniformados transitando a medio correr de un lado para otro, ignorando las órdenes de los delegados por el gobernador Rafael Carrizales, quienes pedían mayor organización en la logística. Allí cada grupo, civil o militar, trabajaba por su cuenta.

De acuerdo con un funcionario de Protección Civil, quien prefirió no revelar su nombre, 90% del territorio de Guasdualito se encuentra afectado, y cerca de 2 mil personas se encuentran en 15 albergues y otras 48 mil refugiadas en casas de familiares o conocidos. Este cuerpo contabiliza un fallecido por inmersión y cero desaparecidos.

Para atender la situación, las autoridades dividieron a la ciudad del Alto Apure en siete cuadrantes, es decir que a los cuatro que ya existían por el Patrullaje Inteligente se les agregaron tres. Cada uno de ellos tiene un equipo “político-militar” que lo representa, el cual está encargado de transmitir al centro de operaciones cuáles son las necesidades de los habitantes. Al igual que en el plan de seguridad, cada uno de los siete sectores tiene un número de emergencia asignado, que en algunos casos no sirve, “por la inundación”.

“Nos vamos desplegando poco a poco, según se agrave la situación, los cuerpos de seguridad, bomberos hasta la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Pero en estos momentos estamos a la orden de la gobernación. Ellos y los militares tomaron el control de todo”, dijo el funcionario al preguntarle sobre el protocolo a seguir en anegaciones. Manifestó que al decretar el estado de emergencia los recursos serían asignados sin tanto papeleo, por lo que cree que en ocho días se estén asignando los créditos para recuperar la ciudad.

En teoría, los alimentos, enseres y agua salen del centro de operaciones hacia las zonas afectadas. En la práctica, las donaciones no cubren la demanda de los damnificados. Adonde sí llega la comida con más frecuencia es a los refugios. Estos sitios se encuentran en las partes secas de la ciudad y en ellos se atiende además a la comunidad que los rodea. En esos sitios se ve la presencia de la GNB, que mantiene el orden y evita que la desesperación de las personas culmine en saqueos similares como los del jueves.

Una lista de refugiados y un número asignado el año pasado a cada familia para el Mercal Casa por Casa sirven para organizar la entrega de comida.

El personal del Hospital José Antonio Páez ha atendido en ocho días a 14 mil personas, la mayoría de ellas con cuadros febriles, infecciones en la piel y vías respiratorias y diarrea. El director del único centro asistencial que atiende a 100 mil habitantes, Juan Albarrán, informó que durante ese periodo 66 doctores fueron los responsables de velar por la salud de los guasdualiteños. Estos se trasladan por cuadrante a los refugios y llevan medicamentos a los afectados. El lunes, según el doctor principal del hospital, llegarán 150 médicos más.

“Tenemos que entender que los doctores son personas que también se vieron afectadas por la inundación. Por eso no les podemos pedir que se queden todo el día en un refugio”, manifestó Albarrán. Habitantes de Guasdualito manifestaron que algunos médicos dejaron su trabajo para atender la inundación en sus casas.

En Guasdualito existían tres ambulatorios privados que quedaron bajo las aguas. Sus ciudadanos contaban con dos ambulancias, hasta que el jueves le fueron asignadas por el Gobierno central otras ocho.

El domingo en la mañana llegaron a la ciudad tres clínicas móviles, que hasta el mediodía no habían sido instaladas fuera del hospital.
fuente.contrapunto

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