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Adolfo P. Salgueiro: 23 de Enero y oferta de Nicolás de indultar a Leopoldo


El 23 de enero de 1958 quien esto escribe estaba comenzando sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Al conocerse la noticia de lo que acontecía en Caracas, esa tarde la juventud universitaria se lanzó a las calles sin mayor convocatoria ni organización formal pero con la convicción de que estábamos festejando el derrocamiento de una dictadura militar de aquellas que eran endémicas en nuestra América Latina. En la misma Argentina aún gobernaba un régimen militar cuyo mérito había sido el de haber a su vez derrocado tres años antes al gobierno de Perón, una dictadura disfrazada de populismo.

Lejos estaba entonces este columnista de siquiera sospechar que a la vuelta de pocos años sería Venezuela la que cobijaría nuestros sueños, nuestros proyectos y la construcción de una familia numerosa y feliz. Mucho más lejos habríamos estado de imaginar que ya con el sol en la espalda esa misma Venezuela estaría padeciendo otra vez la misma enfermedad en un continente donde ya la democracia es ahora la regla y la dictadura la excepción. ¡Vueltas insólitas tiene la vida…!

As, pues, cuando lo bizarro se ha convertido en cotidiano y los valores tradicionales de la sociedad son descritos como de “extrema derecha” y mientras la patria transita por senderos escabrosos cuyo destino final no parece ser muy promisorio, llegamos a otro 23 de Enero cuya celebración se debate entre los que recuerdan una efeméride que condujo a más de cuarenta años de estabilidad y progreso frente a otros que estiman que los “logros” acumulados por el populismo irredento de los últimos lustros ameritan celebrar la fecha con otro talante.

Este 23 de enero los “oligarcas apátridas” pretenden ingresar en el perímetro de la capital de la República para demandar a la autoridad electoral que convoque a elecciones libres y ya demoradas. Entretanto, los que se arrogan la representación del pueblo se complacen en anunciar que al distrito Libertador no permitirán entrar a nadie que marche en contra del gobierno ni pida elecciones y se anuncia que lo que viene es “más revolución” y menos Asamblea Nacional. La proporción de 80/20 entre uno y otro bando no parece ser dato relevante para quienes tienen secuestradas las instituciones y ejercen el monopolio de la represión. Llegará el lunes y nos enteraremos de cómo ha evolucionado ese contencioso.

Paralelamente al escenario local ya comentado, se agrega la circunstancia de que ayer asumió la presidencia de Estados Unidos Mr. Trump, quien ha logrado hacer coincidir en su persona las aparentemente irreconciliables cualidades de billonario y populista. Habrá que ver cómo funciona ese arroz con mango.

No podemos cerrar estas líneas sin traer a colación aquel dicho de que “por la boca muere el pez” aplicable en esta ocasión al inefable Nicolás cuyo coproverbo lo hace objeto de insoslayables contradicciones.

En efecto, en sus últimos días de ejercicio Mr. Obama ha concedido bastantes indultos, lo cual es una práctica habitual de mandatarios que culminan su período en Estados Unidos. Entre esos indultos está el que benefició al independentista puertorriqueño Oscar López Rivera, cuyos méritos o deméritos no valoramos aquí. Solo recordamos que ese señor fue condenado en 1981 por la justicia norteamericana a 55 años de prisión por sedición. Pues, resulta que el inefable Nicolás se tomó la libertad de ceder la silla de Venezuela en un evento internacional para que comilitones de López Rivera atacaran a Estados Unidos y reclamaran la independencia de su isla (rechazada una y otra vez abrumadoramente por su población) y además él mismo abogara vigorosamente por que se concediera un indulto a ese personaje. (Por menos de eso le quitaron la curul a María Corina). Tan irresponsables fueron las demandas de Maduro que en cadena nacional retó a Obama a que si este indultaba a Lopez Rivera él (Maduro) haría lo propio con Leopoldo. ¿Qué tal Nicolás? Obama ya hizo su parte y te la puso de bombita. ¿Tú qué esperas ahora para cumplir con tu oferta? Pues, ahora parece que el señor arrugó, como dirían los chamos. No luce necesario agregar más comentarios sino invitar a usted, lector, a que saque su propia conclusión.




En: Opinión,Última Hora
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