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Adolfo P. Salgueiro:Mr. Trump está creando atmósfera de temor, ¿será eso bueno?


Los norteamericanos votaron en noviembre pasado por el “cambio”, palabra mágica que todos los políticos utilizan para obtener la victoria sobre el “continuismo” no importa mucho qué tipo de cambio se propone ni qué continuismo se descarta. El caso Trump confirma la precedente afirmación. Falta saber ahora si ese cambio –de concretarse– será para mejor o no. Este columnista, a la luz de las primeras dos semanas de ejercicio del nuevo presidente, abriga serias dudas.

La exposición a los medios escritos y televisivos de Estados Unidos, más la lectura de la prensa norteamericana y del mundo “civilizado” (Europa, Latinoamérica, etc.) va revelando un creciente sentimiento de miedos y temores originados en las primeras acciones del recién inaugurado inquilino de la Oficina Oval. No es que en su campaña el hombre no hubiese prometido cosas insólitas, sino que la gente se está sorprendiendo de que el señor esté cumpliendo sus bizarras promesas electorales con una velocidad y contundencia cuyas consecuencias habrá que evaluar a medida que pase el tiempo.

En materia de política exterior Mr. Trump ha comenzado con los trámites para la construcción del muro en la frontera con México lo cual seguramente es legal –aunque posiblemente inconveniente– dentro de su territorio. Lo que es tanto insólito como humillante es que el señor insista en que el costo de tal emprendimiento –cuya partida presupuestaria aún no existe– sea pagado por México y no solo eso, sino la forma grosera y atropelladora con que tal asunto ha sido planteado al presidente Peña Nieto, quien, por necesidad, convicción o presión política, se vio en la necesidad de preservar la dignidad nacional cancelando intempestivamente la cita que estaba pautada para llevarse a cabo en Washington durante la semana que hoy culmina.

Es así como Trump, quien se proclama como el campeón mundial de las negociaciones exitosas, debuta no pudiendo reunirse con quien iba a ser la otra parte de una agenda bilateral que tiene muchos e importantes temas que tratar. Hay quienes creen que este ha sido el primer fracaso diplomático de la nueva administración. Compartimos esa opinión. Además, si así se arranca con América Latina, no luce muy favorable el pronóstico en el ámbito continental. El endurecimiento ya vigente para obtener visa de ingreso a Estados Unidos es una muestra palpable a escala individual para los venezolanos que tengan ese plan.

Sigue el tema de las restricciones temporales de entrada para nacionales de siete países (todos árabes y mayoritariamente musulmanes), más la prohibición total para refugiados provenientes de Siria. Llama la atención que en la lista de indeseables no se incluya a Arabia Saudita (cuyos nacionales fueron los autores del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York), ni Egipto, ni Afganistán (con el cual Estados Unidos está en guerra). Imagínese usted, lector, que mañana la dupla Maduro/Aissami dice o hace cualquiera de las locuras que les caracterizan y Trump agrega a Venezuela a la lista. Usted, yo y miles de compatriotas quedamos etiquetados como indeseables así seamos cristianos, capitalistas, oligarcas, escuálidos, simpatizantes de la MUD, progringos, etc. A lo anterior agréguele que la directiva (“executive order”) fue aplicada a quienes ya estaban en vuelo cuando la misma fue emitida y resultó en la negativa de su ingreso. Menos mal que allí sí hay independencia de poderes y una jueza invalidó gran parte de los efectos de tamaño despropósito y su sentencia se acata sin discusión.

Sigamos con el inicio de la implementación de la promesa de deportación de inmigrantes ilegales, incluidos aquellos que fueron llevados a Estados Unidos siendo apenas infantes (“dreamers”). Probablemente tal acción sea legal, pero no parece útil en un momento en que Estados Unidos tiene el menor nivel de desempleo de los últimos treinta años (4%). Naturalmente, habrá que revisar y castigar a quienes se hayan comportado mal y sean indeseables, pero no parece lógico extender la medida a 11 millones de personas, desintegrar familias ni calificar a los mexicanos en general como criminales y violadores. Si a los venezolanos nos ofende que el vicepresidente de Colombia nos haya llamado “venecos” y que los españoles nos denigren como “sudacas”, ¿no valdrá el mismo argumento para los mexicanos y otros latinoamericanos que han buscado vida mejor en el norte?

Renegociar acuerdos comerciales multilaterales o bilaterales, dentro de los términos de cada tratado respectivo, es un derecho que no se discute. Lo que sí amerita analizarse es si el regreso al aislacionismo, la guerra comercial, los aranceles proteccionistas y otras prácticas que ya han probado ser malas será bueno para Estados Unidos o no. En todo caso, serán los habitantes de ese país quienes carguen con la consecuencia de ese regresionismo, pero –lamentablemente– en un mundo global e interdependiente en el que las reglas han sido acordadas por las partes (OMC, Nafta, ONU, BITS, etc.) no luce que el “bulliying” sea una buena práctica para ninguno de los involucrados y menos aun para el consumidor norteamericano que tendrá que pagar más caro por los productos importados que compre. Todo ello sin considerar que China atesora trillones de dólares en bonos del gobierno norteamericano, los cuales puede manipular con desastrosas consecuencias para Washington y el mundo.

Como aquí no nos proponemos hacer un inventario de agravios, no abundaremos más en ellos. Solo se trata de someter a la consideración de quienes nos leen el clima de preocupación –y en muchos casos de terror– que el deseo de “cambio” expresado libre y legalmente por los norteamericanos en noviembre (sin contar con que Trump obtuvo 3 millones menos que Hillary en el voto popular) está generando en amplísimos sectores de la sociedad gringa y mundial. A lo mejor pronto se dan cuenta de que cometieron un error, igual como les está pasando a los británicos que, luego de votar por el brexit, ya casi se arrepienten y buscan cómo “manguarear” para salirse de la suerte.




En: Opinión,Última Hora


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