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El café no da para vivir a los productores


7   En la entrada del pueblo de Ospino, en el estado Portuguesa, permanece casi intacta la valla publicitaria del Plan Café. La promesa de construir viviendas dignas a los caficultores y dar incentivos para incrementar el cultivo, solo se lee en los carteles. Los productores señalan que de 75 viviendas proyectadas para la zona, se terminaron 22 y el llamado socialismo agrario no ha traído prosperidad en el campo.

«El precio del café no está bien, pero mientras los insumos suben. Si uno solicita un crédito llega tarde y se atrasa el trabajo de mantenimiento de las plantaciones», afirma Francisco Colmenares, caficultor del sector El Guayabal, de la parroquia La Aparición de Ospino.

Semanalmente, Colmenares baja de la montaña al pueblo para buscar un empleo temporal que le permita mantener a su familia a la espera de la temporada de cosecha de café para recoger cerca de 25 sacos.

«Con el Plan Café nos prometieron casa. En Caracas y aquí nos hicieron llenar puros papeles, y nada. Vivo en un rancho de bahareque que ya casi se nos cae encima. Tenemos 6 hectáreas sembradas y sólo sacamos unos 25 sacos y a veces 20; así que no queda otra, del café no se puede vivir. Además, tengo 7 hijos y por eso trabajo de jornalero cortando caña de azúcar para mantenernos», relata Colmenares mientras camina por la calle principal de Ospino. Justo al costado de la carretera, vía a la estación de Ospino, se ven las máquinas trilladoras llenas de polvo, no es tiempo de cosecha y por tanto están inactivas, pero hay quienes guardan uno que otro saco y aprovechan para venderlo al mejor postor a la orilla del camino.

«El precio debería estar por encima de 1.000 bolívares el quintal, pero nos cancelan menos de 500 bolívares. La realidad es que tenemos que cancelar más de 400 bolívares para traer la cosecha de la montaña al pueblo y, además, pagar empleados y el abono. El precio está bajo», insiste Colmenares, que ahora aguarda por los resultados de la nueva misión Agro Venezuela para ver si recibe financiamiento.

En la ruta a la zona alta de Ospino, Santa Lucia del Cerro vía al Chorro San Miguel, de la parroquia La Estación, el paisaje montañoso está adornado con plantaciones de café y algunas lucen abandonadas. La carretera no está asfaltada por completo, pero los productores señalan que no está tan mal como en otras partes.

Leonarda Aranguren tiene 73 años de edad y 50 viviendo de la producción de café.

Ella y su esposo han levantado 12 hijos. Dice que está cansada de pedirle al Gobierno que le dé financiamiento para recuperar el cultivo. Se conforma con la producción de una hectárea que ella y su marido tienen sembrada en el caserío de Santa Lucia. Vive en una casa de bahareque y afirma que la situación está muy mala.

«Ya el café no vale nada, tiene broca y roya, y lo que pagan por el quintal no alcanza para nada. Antes la plata valía, con un bolívar se podía comprar pan, galletas y las sardinas costaban un real. También uno se vestía con un bolívar porque se compraba dos metros de tela. Yo creo que Chávez se olvidó de los caficultores porque no da un buen precio», señala Aranguren, que aún espera la pensión de vejez que solicitó hace más de 7 años. Antes recibía una ayuda de la Gobernación del estado Portuguesa

Inseguridad galopante En las últimas semanas delincuentes han asaltado a productores y familias de Ospino. «Las camionetas jeep viejas o nuevas, que son las que sirven para subir a la zona productora, son muy codiciadas por los delincuentes.

Las roban y muchas veces piden rescate para devolverlas desvalijadas», denuncia Gregorio Villanueva, productor de la zona. El Plan Seguridad Bicentenaria no ha llegado a la región, agrega.

Al lado de la iglesia del caserío de Santa Lucía un aviso les recuerda a los vecinos que la actual segunda vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Blanca Eekhout, fue elegida por ese pueblo, pero hasta ahora no ha dado respuesta a los problemas del lugar. Nunca se le ha visto por aquí, afirma un lugareño.

El plan que fracasó Gregorio Villanueva reconoce que el Plan Café, aprobado en 2005, tenía un objetivo positivo para el sector, pero no se cumplió de manera efectiva y tampoco se materializó la asistencia técnica adecuada y el seguimiento para garantizar que los recursos se invirtieran.

«Con ese plan nos darían apoyo para la construcción de minicentrales ecológicas en las zonas cafetaleras, transporte utilitario para trasladar la cosecha y prometieron 75 viviendas. Los recursos fueron otorgados por el Gobierno pero solamente se levantaron 22, igual sucedió con los minicentrales: se hicieron 4 en el municipio Ospino, que costaron más de 4 millones de bolívares, se colocaron las plantas eléctricas y toda la infraestructura, sin embargo la contratista Fanapar, encargada de la obra, incumplió y no instaló las maquinarias ni los equipos para que operaran», dice Villanueva, y añade que los minicentrales están prácticamente abandonados.

Refiere que esta infraestructura le facilitaría a los caficultores arrimar el grano cosechado y que se realizara el beneficio húmedo del café, y al tenerlo listo venderlo a las torrefactoras con un valor agregado que garantizaba un producto de calidad que se podía colocar a un mejor precio.

Agrega que 70% del café que se cosecha en Ospino no es beneficiado y el producto tiende a salir de baja calidad, lo que también afecta el precio pagado a los caficultores. En la zona se cosechaban 120.000 quintales y en la actualidad no llegan a 80.000 quintales que representan el sustento de 4.000 familias, aproximadamente.

Villanueva señala que la estatización de las empresas torrefactoras Fama de América y Café Madrid que le dan al Ejecutivo 75% del mercado procesador, ha permitido que por lo menos se le cancele a los productores el precio fijado en la Gaceta Oficial. Aunque aclara que sigue siendo muy bajo.

En Ospino, el quintal de café natural bueno, el Gobierno lo paga a 613 bolívares y los intermediarios en la calle entre 480 y 540 bolívares por saco. «Hay un piso en el precio del café que impide que baje demasiado, pero el aumento anual del grano no compensa los costos de producción y tampoco nos da un ingreso justo para mejorar las condiciones de vida de los productores», expresa.

Recuerda que el año pasado el costo de producción era, en promedio, de 1.400 bolívares el quintal, pero está regulado en un máximo de 747 bolívares, y en el mercado internacional el precio llegó a estar por encima de 320 dólares en marzo y en abril cerca de 316 dólares por quintal.

«Si aquí se vuelve a pagar un precio justo y se incentiva a los caficultores podremos volver a producir para satisfacer las necesidades del país y no habría necesidad de importar», reitera.

Vicente Pérez, director de Fedeagro, apunta que los incrementos aprobados en los últimos años están por debajo de la inflación. «Por eso hay tanta diferencia con los precios nacionales y los de Colombia.

Eso se refleja en una desmejora en la vida de los caficultores, muchas familias viven en pobreza». Es necesario tecnificar el cultivo y preparar a los productores, agrega.

Pérez propone que se retome la propuesta de diferenciar el café y pagar un precio más alto por los granos de más calidad y tipo gourmet. «Que se pague un mejor precio por el café premium y que el consumidor de pocos recursos pueda pagar por el producto más económico», sugiere.

 

 

Importaciones saldrán 270% más caras este año

El año pasado el Go-bierno importó más de 16.000 toneladas de café verde, equivalentes a 347.826 quintales (sacos de 46 kilos cada uno), para satisfacer las necesidades de las industrias torrefactoras. El consumo nacional es de 1,85 millones de quintales y la producción apenas se acerca a 1 millón de quintales.

El déficit se trae de Brasil, Nicaragua y El Salvador. Entre los años 2009 y 2010 se calcula que ingresaron al país 680.000 quintales, pagados a 150 dólares por saco, aproximadamente. Estas compras externas le costaron al país 102 millones de dólares, que multiplicados por 2,60 bolívares por dólar suman un total de 265,2 millones de bolívares.

Ahora, con el tipo de cambio a 4,30 bolívares y el alza del café en el mercado internacional a más de 300 dólares, esta misma cantidad de café importado le saldrá al país en 204 millones de dólares. El equivalente a 877,2 millones de bolívares que se gastarán en importaciones.

En comparación con lo que se pagó entre 2009 y 2010, saldrían 230,7% más caras este año por el aumento internacional del grano. Los productores critican las compras externas y señalan que el Gobierno en lugar de invertir estos recursos en importaciones debería aprobar mejores precios a los caficultores venezolanos e invertir en viviendas, infraestructura y planes de recuperación y renovación del cultivo.




En: Economía
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