COLLARES Y PULSERAS AL MAYOR

Montaner contagió felicidad


19   Fuego había en las pantallas del fondo; fuego, en el público. Ricardo Montaner dejó para la mitad de su concierto la parte más movida. Resumiendo y Sólo con un beso, fueron anunciando lo que venía. Tras reconocer que le da rabia no haber compuesto la segunda canción (Fernando Osorio), cerró el tema con ritmo de merengue. De ahí en adelante, comenzaría el relajo… República de la alegría, con sus notas de acordeón colombiano; Cachita, La conga y Soy feliz, con bailarinas incluidas, parecían marcar el final, pero apenas constituían uno de los picos del show, que inició en el estacionamiento del Centro Comercial Ciudad Tamanaco, pasadas las 8:30 de anoche.

La velada comenzó alrededor de las 8:00 con los hijos de Montaner, Ricky y Mau, quienes presentaron en escena lo que heredaron del padre. Guitarrista y baterista, no pueden esconder su influencia rockera, pero hacen principalmente balada pop -o al menos eso fue lo que presentaron en su breve intervención.

«Soy el telonero de los dos muchachos que cantaron al principio», bromeó el zuliano, quien no se dirigió al público sino hasta el tercer tema. Comenzaría su espectáculo con Necesito de ti. Vestido de traje negro y camisa blanca, cantaría luego Cuando a mi lado estás, para seguir con Tan enamorados.

Atrás quedó el Montaner de zapatos deportivos blancos, que saltaba por toda la escena. El Montaner de anoche fue más reposado y paternal. «Venezuela ha sido mi cuna, la plataforma a través de la cual he podido cumplir mis sueños; me gustaría que fuera también la plataforma de mis hijos… que en 30 años puedan decir a sus hijos que este país fue la cuna de ellos y de su abuelo», dijo.

Lo que sí conserva Montaner es esa capacidad de conectar con la gente y su buen humor, además de una afinada voz de registros agudos y limpios, a pesar del desgaste de dos horas de concierto.

Desde una banca roja cantó Será y Castillo azul. Detrás, seis pantallas leds alternaban imágenes, algunas acertadas; otras no tanto, como las letras de canciones que han sido éxitos.

Para un poco, El poder de tu amor, Ojos negros y Pequeña Venecia, fueron otros de los éxitos interpretados por el cantautor zuliano.

La banda de Montaner potencia en vivo las composiciones del autor. Dirigida por el bajista venezolano José Ramón Villasmil, tiene en su seno una saxofonista argentina que es un espectáculo en lo físico, lo escénico y lo musical, Tamara Kreimer; hay un mexicano, Marcos Silva, que toca muy bien la guitarra, secundando a Ricky, el hijo de Montaner; en la batería está Mau; en los teclados, Henry Villalobos y José Luis Chacín, sin olvidar la fuerza de la percusión de Vilera y del coro femenino.

Luego de A dónde va el amor, Montaner se dirigió al público desde la penumbra con un mensaje esperanzador, llamado a resaltar lo positivo, centrado en las cosas sencillas de la naturaleza, la bendición de los seres queridos, la vida…

El mensaje dejaría la mesa servida a Déjame llorar y Me va a extrañar, con la que parecía cerrar el concierto.

Escenario oscuro, aplausos del público ansioso de más… La luna seguía de testigo, la brisa nocturna bajaba la temperatura. El artista salió de nuevo, esta vez guitarra a cuestas, para cantar un tema nuevo junto a Ricky, El centro de la tierra. Posteriormente entonaría Bésame, Yo creo y La cima del cielo.

Ricardo Montaner inició su gira Soy feliz en su Maracaibo natal el pasado 10 de junio. Tras el concierto de anoche en Caracas, continuará su periplo por Valencia, mañana, en el Forum de la capital valenciana.





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