COLLARES Y PULSERAS AL MAYOR

Venezuela, El único país donde llegas a una panadería a preguntar: ¿Hay pan?


La crisis venezolana ya no solo se enfoca en uno o dos ámbitos, sino que es un abanico de vertientes y no precisamente de agua limpia y cristalina, todos los días el ciudadano se acuesta pensando que hacer al siguiente día para que sus hijos puedan comer las «tres papas», aquellas que un ministro de alimentación decía que estaban aseguradas y que en 3 meses se acabaría el desabastecimiento, pues ni lo uno ni lo otro, Venezuela se ha convertido en algo que no representa ni la sombra de lo que una vez fue en tiempo de la democracia plena y del voto directo, universal y secreto.

En la actualidad las colas por el pan, son como dice el refrán y sin que valga la redundancia, EL Pan Nuestro de cada Día.., el hambre se multiplica.. vemos en la calle personas flacas, famélicas, con un color raro por la desnutrición.. Las personas se en demacradas, se molestan por cualquier comentario hasta con los mejores amigos.

Venezuela es otra, la calle se siente pesada y triste, se ven vacías no solo de gente y vehículos, sino de la actividad, optimismo y buen humor que ha caracterizado históricamente al venezolano, la desgracia ha llevado al país a ser el único donde llegas a una panadería a preguntar: ¿Hay pan? , ni en Africa se ve esto…

Los bachaqueros del pan..

Son dos muchachos, no llegan a la mayoría de edad, humildes. Uno de ellos viaja con una niña, menor de dos años. La ropa de los tres se ve gastada y descolorida. Cada uno de los jóvenes lleva un koala, de su interior sacan billetes de 100 y frente a todos los transeúntes de un abarrotado Metro comienzan a contar. Al cabo de unos minutos uno le pregunta al otro: “¿cuánto hiciste?”. “Cerca de 15”, le responde el compañero. “Yo hice casi 18”, se dice a sí mismo. “Y ya se me acabó el pan”, remata el interlocutor.

Son apenas las 11 de la mañana. En dos horas vendieron las bolsas que pudieron conseguir temprano. Chacaíto fue la zona de comercialización. Al preguntarles cómo consiguen la mercancía, solo responden: “Con panas”. Panas que horas más tarde les repondrán las preciadas canillas o los resolvedores “pan francés”, tan buscados y escasos en la ciudad capital en los actuales momentos. No importa cuál de los dos logren primero, son buena mercancía “para rematar”.

En esta Caracas de colas y productos importados ya es normal ver a los “bachaqueros” de pan. Una bolsa de tres canillas, que no debería llegar a los mil bolívares, es vendida en tres mil. Si son 10 panes pequeños, tipo “francés”, el costo asciende a mil 300 bolívares, aproximadamente, pero en manos de los nuevos vendedores informales la suma puede aumentar hasta los cinco mil. Pero igual consigue venta. En las panaderías no hay pan.

Ante esta nueva realidad y esta nueva clientela en ciertas panaderías, sobretodo del centro de la ciudad, se estudia la posibilidad de pedir carta de residencia a la clientela para evitar este tipo de usura. “Cada vez vemos más gente que no es de la zona y eso nos trae problemas con los vecinos. El poco pan que podemos vender alcanza menos y comienzan las discusiones y los conflictos. Vender el pan se ha convertido en una tragedia”, dice el dueño de un local que se negó a dar su identidad “para evitar problemas”.

De acuerdo con las resoluciones emanadas desde el Ejecutivo nacional el pan canilla y campesino deben tener un precio regulado de venta al público y debe ser priorizado entre los demás productos del local comercial. Para las autoridades n



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