El yogur, el alimento que nos ha acompañado toda la vida

Assorted fresh berries with creamy yogurt including strawberries, blackberries and blueberries, served on a wooden table with copyspace, high angle view

En un yogur se esconden 180 miligramos de calcio, 230 miligramos de potasio, 18 miligramos de magnesio y un importante aporte de vitamina B. Es decir, que es un alimento bastante completo que, además, no suele resultar muy calórico (aunque esto depende de la receta utilizada). Quizá por eso lleva toda la vida acompañándonos y lo cierto es que nos hemos pasado toda nuestra existencia tomándolo de aquella manera. Aquí te explicamos algunos check facts sobre el yogur que deberías aprenderte para disfrutarlo al máximo.

No botes el suero del yogur. Es un gesto inconsciente de muchas personas. Abren la tapita, se encuentran el liquidito que suele coronar muchos yogures y lo botan inmediatamente. Pues bien, este suero de leche incluye alfa-lactoglobulina y beta-lactoglubulina, dos proteínas beneficiosas para nuestro organismo. Por eso es buena idea tomarlo. Si nos te gusta mucho tomarlo, acompáñalo de la primera cucharada de yogur.



No lo remuevas. El yogur es yogur por su textura, cremosa pero suficientemente consistente para que sea posible tomalo con la cuchara y mantenerlo ahí unos segundos sin que se derrame antes de llevárnoslo a la boca. Removerlo o agitarlo cambia totalmente esa textura que tiene el yogur y que lo hace único.

No le agregues azúcar. Entre las cualidades del yogur está que es un postre saludable y muchísimo menos calórico que otros. Meterle un par de cucharadas de azúcar puede dar al traste con nuestras intenciones de cuidarnos. Un yogur natural ronda las 75 calorías por unidad. Si le añadimos dos cucharaditas de azúcar, pasará de 100 tranquilamente. Además, su sabor característico y su acidez se verán modificadas.

Mejor un yogur entero que uno descremado. Aunque en los últimos años se han popularizado los yogures descremados, hay que tener una cosa en cuenta. Se trata de yogures a los que extirpan gran parte de su materia grasa pero a los que se añaden también edulcorantes y otras sustancias. El resultado es menos grasa, sí, pero más de muchas otras cosas.

Si no necesita frío… no es un yogur. Se les llama postres lácteos termizados y sí, son otra cosa. Aunque el proceso de elaboración es similar al de los yogures, se les da un tratamiento final que inactiva la flora láctica responsable de la fermentación. Tienen a favor una fecha de consumo preferente más lejana y que puedan mantenerse fuera de la nevera en todo momento, pero no tienen bacterias o fermentos lácticos vivos ( los famosos probióticos), beneficiosos para nuestro organismo.


Muy buenos para cenar. Si alguna vez dudas sobre la posibilidad de comerte un yogur por la noche, hazlo sin problemas. Cada yogur cuenta con millones de bacterias vivas que llegan a nuestro intestino dispuestas a estabilizar la flora, ayudarnos con la absorción de grasas y facilitarnos las digestiones. Es decir, que cada vez que nos tomamos uno, aumentan las posibilidades de que durmamos como bebés.




La mayoría de los intolerantes a la lactosa lo tolera bien. Aunque cada caso es un mundo, el yogur tiene muchas diferencias con la leche, que lo suelen hacer tolerable. Para empezar, posee menor cantidad de lactosa. Segundo dato importante: se digiere mucho mejor. Esto es debido a que contiene lactasa, formada durante el proceso de fermentación, y que ayuda a la asimilación de la lactosa.

En :Salud y Vida Sana

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