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Crónica Negra: Cuidadores al servicio del mal


     Willmer Poleo Zerpa | ÚN.-  Ya habían transcurrido quince días desde que se llevaron al comerciante Wilmer Otoniel Guarín Galeano, de treinta y tres años de edad, y sus familiares ya no hallaban de qué santo pegarse porque los secuestradores no habían establecido contacto.

 Aunque ninguno era capaz de decir nada, todos se pasearon por la posibilidad de que estuviese muerto,aunque se les hacía difícil encontrar una razón porque enemigos no tenía.
A Guarín Galeano se lo llevaron a la fuerza tres hombres armados que lo levantaron de la silla donde desayunaba, a eso de las nueve de la mañana, en el restaurante Los Girasoles, ubicado en la población de Socopó, en el estado Barinas. Una señora que pasaba por el lugar vio cuando lo llevaban a rastras y lo metían a empellones en un vehículo, mientras otro de los hombres se montaba en su auto y se iba también. A esa hora no había muchos comensales en el restaurante vegetariano.
 La señora, un mesonero y otro señor fueron testigos del plagio. En una mesa cercana estaba una pareja, pero no se percataron de nada, o a lo mejor en el momento pensaron que los recién llegados eran conocidos de Otoniel Guarín.
El día 14 fue cuando llamaron a la familia. Lo hicieron dos veces. Lo hizo un señor de voz ronca que dijo llamarse El Costeño. La llamada la atendió Otoniel Guarín Ontiveros, padre del infortunado. El que llamó le dijo que ellos tenían a su hijo, que él estaba bien y que si quería volver a verlo con vida, debía darle cinco millones de bolívares. Además les dijo que ellos eran gente seria y que si acaso lo dudaba se trasladara hasta la población de Bum-Bum, específicamente en el puente sobre el río Bum-Bum, municipio Antonio José de Sucre del estado Barinas, con la finalidad de retirar una bolsa de color azul la cual contenía en su interior la fe de vida de que su hijo estaba bien. Antes de trancar la llamada le dijo que el sábado por la tarde lo volvería a llamar para finiquitar el pago del dinero.
Posteriormente la policía determinó que la llamada había sido realizada desde un teléfono público del sector El Gamero de la población de Guasdualito, distrito autónomo Alto Apure, estado Apure.

Una pista. El sábado por la tarde, todos los teléfonos públicos de Guasdualito estaban vigilados por policías vestidos como parroquianos. De pronto recibieron una llamada que les alertó que en ese momento el secuestrador estaba llamando a la casa de la víctima. En una caseta telefónica vieron a un hombre y cuando se acercaron se percataron que estaba uniformado de verde. Lo detuvieron y posteriormente lo identificaron como Henry Eduardo Bastidas Mendoza, de treinta años y residenciado en la urbanización La Cinqueña II de Barinas, y quien efectivamente era miembro activo de la Guardia Nacional, plaza delDestacamento de Fronteras Nº 17, ubicado en Guasdualito.

Luego de los interrogatorios de rigor y de las investigaciones respectivas, las autoridades lograron establecer que estaban implicados en el plagio los también guardias nacionales sargento I Geomar Valera Camacho y el furriel de la Sección de Operaciones del D-14, Jean Carlos Rondón, así como el agente policial de Barinas Wiliam Arenales Gutiérrez (27), oriundo del Táchira y destacado en la Comisaría Sur de Barinas.
Además se determinó que la esposa de Rondón, de profesión enfermera, proveyó al grupo de un somnífero que le fue administrado a la víctima una vez que lo sometieron, a fin de sedarlo para facilitar su traslado desde Socopó hasta una residencia ubicada en el barrio Santo Domingo del estado Barinas.
La madrugada. Wilmer Otoniel permanecía acostado en un catre, al que lo habían amarrado. Hace tres días le habían vuelto a vendar los ojos con adhesivo quirúrgico y lo mantenían atado de pies y manos. Eso a raíz de que una vez llegó el que fungía de jefe y les reclamó a los cuidadores por qué lo habían desamarrado. “Si se les llega a escapar, los mato”, llegó a decirles ese día.
Estaba desorientado pero, por la quietud en la casa y el descenso de la temperatura, se imaginó que sería de noche, o quizás de madrugada. Intentó dormir un poco, pero ya se le había espantado el sueño. Se concentró en recordar a su familia y en planificar las cosas que haría si lograba salir con vida de aquel difícil trance.
El barrio Santo Domingo de Barinas dormía a esa hora, por lo que nadie pudo apreciar el sigilo con el que se movían las sombras de un lado para otro. Un perro comenzó a ladrar desaforado, pero no estaba seguro de lo que había visto ni escuchado. Otros caninos lo imitaron en la lejanía y el ladrido se multiplicó por toda la región.
Los policías habían dejado las patrullas aparcadas a la entrada del pueblo y se habían ido caminando. Tenían un plano de la casa, que incluía todas las puertas y ventanas y el sitio exacto donde tenían al infortunado.
Uno de los policías tocó suavemente a la puerta, mientras sus compañeros esperaban atentos y con las armas preparadas. En vista de que nadie abrió, el policía que tocó hizo unas señas y casi de inmediato varios uniformados se acercaron a la puerta. En cuestión de segundos dispararon al cilindro y abrieron la puerta de una patada. Varios policías con armas largas y linternas ingresaron al estilo comando y comenzaron a revisar toda la vivienda.
En una de las habitaciones hallaron a Wilmer Guarín, quien no entendía lo que estaba pasando y temblaba de miedo. En el cuarto de al lado estaba un señor de setenta y siete años y los policías pensaron que se trataba de otro secuestrado, pero resultó ser el dueño de la casa y dijo que vivía allí junto con su hijo.
Los guardias nacionales fueron detenidos en el Destacamento 14 del estado Barinas el mismo día del rescate; mientras que Valera fue aprehendido al día siguiente por efectivos de la policía científica en el estado Aragua.
Los tres militares y el policía fueron sometidos a un juicio que tomó casi dos años, luego de lo cual elTribunal 2º de Juicio de Barinas condenó a los detenidos a cumplir la pena máxima de treinta años por los delitos de secuestro y asociación para delinquir, con los agravantes de ser funcionarios públicos.

 




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