COLLARES Y PULSERAS AL MAYOR

Edward Kennedy El periodista que perdió su empleo por dar la “noticia del siglo”


      La labor del periodista no resulta ser nada sencilla. La persona que se dedica a esta labor debe invertir horas y horas haciendo investigación respecto a un tema o caso y así, encontrar una pieza clave de determinado hecho a fin de informar a la sociedad.

Por sentido común, si la gente es eficaz y hace bien su trabajo, lo que se espera es que sus superiores lo feliciten e incluso, puede llegar a ser que lo compensen por haber realizado un excelente reportaje o nota; sin embargo, no siempre son así las cosas.

“¡Estás despedido!”, fue la frase que escuchó Edward Kennedy, un periodista norteamericano que fue el primero en informar del término de la Segunda Guerra Mundial, algo que resultó ser contraproducente para su carrera.

Durante varios años, Kennedy fue reportero y corresponsal de la agencia de información Associated Press (AP), empresa que con el inicio de la Segunda Guerra Mundial decidió enviar al periodista al continente europeo a cubrir todo lo que ahí aconteciera.

Como señala segunda-guerra-munidal.com, oficialmente, el 9 de mayo de 1945 se anunció el final de la guerra, tras cinco años y ocho meses de conflicto. Edward fue uno de los cronistas más destacados de la guerra; estuvo en momentos cumbre como la llegada de Adolfo Hitler al poder en Alemania y cubrió de principio a fin la Guerra Civil Española.

Por su desempeño periodístico se ganó un lugar entre los 17 reporteros que cubrirían en Reims , Francia, la rendición del ejército nazi, acto que sellaría el triunfo de los aliados. Fronterad.com publica que el 7 de mayo de 1945, en punto de las 2:41 horas de la madrugada, el joven Kennedy acudió a la cita en una pequeña escuela que sirvió como cuartel al general Dwight D. Eisenhower.

Al llegar al evento, el ejército informó a los periodistas presentes en el lugar que bajo ninguna excusa podrían reportar sobre el acontecimiento que acaban de tener lugar hasta 36 horas después del mismo, ya que Los Aliados habían acordado con el gobierno de la ex Unión Soviética realizar una ceremonia oficial un día después, el 8 de mayo, en Berlín, para dar a conocer a todo el mundo tan importante suceso.

Los periodistas, incluido Kennedy, aceptaron la condición a regañadientes. Aunque para sorpresa del reportero norteamericano, al volver a París unas horas después, “Ed” se enteró que una radiodifusora local de la ciudad alemana de Flensburg ya había dado a conocer la noticia de la rendición, así que entonces decidió   desobedecer la orden de censura para informarle a sus jefes la noticia.

Kennedy utilizó una línea militar para comunicarse con la oficina de AP en Londres para dictarle a un redactor un texto de no más de 200 palabras, entre las que se podía leer lo siguiente: “Reims, Francia. 7 de mayo de 1945. Alemania se ha rendido incondicionalmente al Ejército Aliado y a la Unión Soviética esta madrugada a las 2:41, hora de Francia”.

Esta información fue difundida a decenas de redacciones de periódicos de todo el mundo, entre los que destacaba el New York Times, los cuales decidieron aquel día imprimir una edición extra para publicar lo que en ese momento se consideró como “la noticia del siglo”.

En pocas horas, el nombre de Edward Kennedy se volvió más que popular y hubo varios magnates de la información que no dudaron en ponerse en contacto con el periodista para ofrecerle un jugoso contrato para que trabajara con ellos, luego de dar la gran primicia. Poco le duraría aquellas horas de gloria y prestigio.

Al día siguiente de haberse publicado la información, los directivos de AP le pidieron a Edward regresar de inmediato a Nueva York, para informarle que había sido despedido; el New York Times que tanto lo había vanagloriado, escribió un artículo de opinión sobre él, en donde se le acusó de poco ético, al haber roto el pacto de censura.

Por si fuera poco, se cree que por órdenes del general Eisenhower, luego de desacatar la petición de censura, le fue retirada su licencia como periodista, lo cual lo mantuvo en el retiro forzado por un poco más de un año.

“Durante cinco años justificaron que la única razón de la censura era salvar vidas. La guerra ha terminado. Yo mismo he asistido a la rendición, ¿por qué no debe saberse?”, argumentaba el reportero, quien siempre dijo no haberse arrepentido de lo que hizo, pues considera que actuó de forma correcta.

Este suceso acabó con la carrera brillante de Kennedy, que muchos de sus colegas de profesión le admiraron durante años. Nunca pudo colocarse en la redacción de un buen medio y no le quedó más remedio que trabajar en diarios pequeños o de información local, pues varios de sus amigos y compañeros le dieron la espalda al considerarlo como un “envidioso y traicionero”.

Antes de morir atropellado el 24 de noviembre de 1963, en la ciudad de Monterrey, perteneciente al condado de Monterey, California, a los 58 años de edad, escribió sus memorias, en donde relata con lujo de detalle aquellos días del final de la Segunda Guerra Mundial.

Su única hija, Julia Kennedy las rescató y recientemente las publicó en un libro titulado Ed Kennedy’s war: V-E Day, Censorship and the Associated Press (“La Guerra de Ed Kennedy: Día de la Victoria, la censura y la Associated Press”). La mujer asegura que a su padre no le gustaba hablar del tema, pues le traía malos recuerdos y mucho dolor.

“Creo que nunca los perdonó. Sí, siguió con su vida, se fue a California para dirigir un periódico y continuó ahí con su profesión. Pero estoy segura de que nunca los perdonó”, declaró Julia, respecto a la decisión que tomaron en aquel entonces, los dirigentes de la AP.

Con motivo del lanzamiento del libro al mercado, la AP, representada por su presidente ejecutivo, Tom Curley, pidió una disculpa por la actitud que tomaron en contra del periodista y aseguró que una situación similar no se viviría en la actualidad, ya que Kennedy actuó de forma correcta.

“Fue un día terrible para la AP, se manejó de la peor manera. Kennedy lo hizo bien. Una vez que la guerra terminó no se puede retener información de ese tipo. El mundo necesitaba saber”, declaró Curley.



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