COLLARES Y PULSERAS AL MAYOR

Hasta 32 horas ciudadanos hacen cola para «medio comer»


Las largas filas para comprar comida se han convertido en la nueva diversión de un país que estaba acostumbrado a los fines de semanas de fiesta y playa

Salir un fin de semana de paseo ya no es costumbre, ni alistarse temprano para visitar las costas y recibir los primeros rayos del sol. Los venezolanos han adquirido un tipo de bronceado diferente que no refleja el disfrute, sino la penuria y cansancio de una cola.

Tal vez estas son la nueva forma de divertirse, como dijo una vez Jacqueline Faría, presidenta de Telecomunicaciones Movilnet .

Durante la cola la gente bromea y ríe a pesar de sus desgracias, quizás para olvidar un rato que la comida no se encuentra, contó una persona que visitó por primera vez este “nuevo paisaje”.

32 horas y además 3.550 bolívares le costó a este ciudadano un detergente grande, dos harinas precosida y dos arroz. “Cuando llegué ya se había acabado la pasta”, afirmó.

Como ir al cine

Esta persona (quien pidió que no se mencionara su nombre) labora en una empresa pública, describió que en el lugar que estuvo desde las 12:00 pm del miércoles hasta las 4:00 pm del siguiente día, había gente vendiendo comida, café, cigarros y hasta cotufas. Como si estuvieran esperando para entrar a una función de cine.

“Mientras esperaba para recibir mi número vi como una mujer discutía porque venían conocidos de ella. Quienes tenían el mismo tiempo allí haciendo su cola tuvieron que aceptar que esas personas se colocaran delante de ellos, pues era agresiva”, denunció el joven, quien recibió el número 200 y aseguró que la misma dama luego de comprar, se quedó en las afuera del supermercado para hacer la cola del siguiente día.

Paisaje irresponsable

Pero la irresponsabilidad también inunda el paisaje. La GNB que no hizó nada para evitar a los “coleados”, el joven señaló que una dama quien tenía un bebé de meses en sus brazos lo paseó por toda la fila, mientras el ardiente sol de la tarde calentaba el rostro del pequeño. “Las personas la insultaban. Pobre niño” exclamó.

Los infantes no se salvan de esta desgracia, en esas largas colas allí se encuentran ellos; con hambre, sueño, frío y gritando desde sus inocentes miradas que todo cambie. Y como muchos venezolanos, la fuente culminó diciendo “No vuelvo más”.



En :Noticias Nacionales,Última Hora

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